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ALERTA TEXTIL

El ingreso masivo de ropa usada por Jujuy fue uno de los factores que precipitó el fin de la producción de Hilados S.A. en Tucumán

Con un crecimiento del 26.000% en el volumen de indumentaria de segunda mano y el colapso del consumo interno, la emblemática firma de Los Gutiérrez cesó sus actividades industriales tras identificar a la importación desregulada como un factor determinante de su inviabilidad productiva.

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Gabriel ToledoTendencia de noticias
13 ene, 2026 12:00 p. m. Actualizado: 13 ene, 2026 12:00 p. m. AR
El ingreso masivo de ropa usada por Jujuy fue uno de los factores que precipitó el fin de la producción de Hilados S.A. en Tucumán

La crisis del sector textil en el norte argentino alcanzó un punto de quiebre con el cese definitivo de la producción en la planta de Hilados S.A., ubicada en Los Gutiérrez, Tucumán. Esta decisión, que deja a 190 trabajadores afectados directamente, se fundamenta en un agotamiento de las instancias para sostener la actividad frente a una caída profunda de la demanda y factores de competencia que la empresa califica como insostenibles. Entre las causas críticas identificadas por la firma, se destaca el ingreso de indumentaria de segunda mano al mercado local, un fenómeno que no solo erosiona la competitividad de la industria tucumana, sino que también plantea serios riesgos para la salud y el medio ambiente.


El cierre de Hilados S.A. no es un hecho aislado, sino que guarda una relación directa con los datos revelados por la Fundación Pro Tejer, que alertan sobre un cambio de tendencia drástico en el comercio exterior argentino. Según el informe de la entidad, al que tuvo acceso Tendencia de Noticias, las importaciones de ropa usada experimentaron una expansión definitiva en 2025: en el período enero-octubre, el ingreso de estas prendas ascendió a 3.521.456 kilos, lo que representa un incremento interanual extraordinario del 26.538% en cantidad y un 11.728% en valor FOB.


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Un dato clave para la región es la vía de acceso de esta mercadería. El informe detalla que el 84% del total importado en 2025 —casi 3.000 toneladas— ingresó por la Aduana de Jujuy, provincia vecina a la nuestra, procediendo principalmente de los excedentes acumulados en el Desierto de Atacama, Chile. Esta cercanía geográfica facilita la distribución de productos a precios con los que la industria formal local, como Hilados S.A., no puede competir.


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La Fundación Pro Tejer sostiene que lo que ingresa al país es, en esencia, residuo del modelo global de fast fashion. Al respecto, el documento es contundente en sus fundamentos: "La importación masiva de ropa usada genera competencia desleal frente a la producción y el comercio nacional. Se trata de mercadería descartada en otros mercados, basura para los países desarrollados, que ingresa a precios imposibles de igualar por la industria local y el comercio formal, desplazando producción, ventas y empleo”.


Además, la entidad advierte sobre la ineficacia de las medidas actuales, como los certificados de desinfección, señalando que: “El certificado de desinfección no garantiza el control ni la detección de químicos peligrosos presentes en las prendas —como colorantes, retardantes de llama o residuos de tratamientos industriales—, ni implica la verificación de su composición. Asimismo, no asegura la trazabilidad de la ropa importada, en consecuencia, la medida solo cubre una porción acotada de los riesgos sanitarios”.


Un problema trasladado al Estado


El informe de Pro Tejer profundiza en las características de esta situación, al subrayar que el daño trasciende lo económico. La mayoría de estas prendas están compuestas por fibras sintéticas como el poliéster, que no son biodegradables y liberan microplásticos. “Estas prendas se convierten rápidamente en desecho y forman parte de flujos de los que los países de origen buscan desprenderse, trasladando el problema ambiental a terceros países”, advierte el documento.


Desde la perspectiva fiscal, la situación se agrava por la subdeclaración de valores y la expansión de canales informales, lo que degrada el mercado minorista y genera una pérdida de ingresos públicos. A esto se suma que, cuando la ropa no se vende y se descarta, el costo de su recolección y disposición final se traslada a los municipios y provincias, generando una carga fiscal adicional por residuos que ingresan al país ya en condiciones de descarte.


Mientras Hilados S.A. intenta mitigar el impacto social mediante la reubicación de una parte mínima de su personal en áreas administrativas y logísticas, la mayoría de los operarios calificados enfrentan la pérdida de su fuente de trabajo. La empresa ha manifestado que espera poder reabrir si el contexto económico se estabiliza, pero la realidad descripta por Pro Tejer sugiere un desafío estructural mayor.


En conclusión, la situación observada en 2025 no representa solo un aumento estadístico, sino un “mecanismo de traslado de excedentes y residuos del fast fashion hacia países con menor capacidad de absorción ambiental, sanitaria y productiva”, donde lo que parece una opción de bajo costo para el consumidor termina afectando el bienestar de todo el entramado social y productivo argentino.

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